Boletín · mayo de 2026

Jornada de caza - Jabalí

Hay comidas que cumplen… y otras que dejan poso.
La última pitanza de jabalí en El Rinconín fue de las segundas.

Treinta y dos comensales alrededor de la mesa, sin más pretensión que la de comer bien y en buena compañía. Pero lo que se sirvió aquella jornada tenía algo más: tenía origen.

El jabalí no era uno cualquiera. Detrás estaba la mano y el conocimiento de Jesús Fernández Moral, alguien que entiende el monte, sus tiempos y lo que supone llevar una pieza así hasta la mesa. No hace falta añadir mucho más: el resultado se percibía desde el primer bocado.

En cocina, el trabajo recayó en Vicas, Juan y Cándido. Vicas llevó el peso del servicio, hilando un menú exigente con buen pulso y sin perder el norte en ningún momento. Oficio, sin ruido.

El recorrido arrancó con una tosta de jamón de jabalí asado a la sal, afinada con una salsa de mostaza, miel y pepinillos que aportaba contraste sin invadir. Después, un guiño bien resuelto: frixuelo relleno de ropa vieja de jabalí, con nueces y frutos rojos, jugando con texturas y un punto dulce medido.

La cosa se puso seria con unas fabes con jabalí de cuchara lenta, de las que piden pausa, y remató con un guiso de jabalí con patatinos al chocolate, profundo, con carácter, sin concesiones, una maravilla de plato.

El cierre fue un flan con nata, sencillo, bien ejecutado, como corresponde después de un menú así.

En la copa, Madremía, de Toro: un tinto con la estructura suficiente que supo estar a la altura de las circustancias.

Cena de caza

Hay días en los que todo encaja sin necesidad de explicaciones: buena mesa, producto de verdad y gente que sabe lo que tiene delante. Lo que vivimos en El Rinconín fue precisamente eso: una jornada de las que se disfrutan sin artificios y se recuerdan con el tiempo.

Algunos de los comensales disfrutando de la cena
Algunos de los comensales disfrutando de la cena
Los tres guerreros del Apocalipsis en plena acción.
Los tres guerreros del Apocalipsis en plena acción.
Lo que pasa en El Rinconín… se celebra así.
Lo que pasa en El Rinconín… se celebra así.
Mantel de tela. Recién estrenado. Un lujo.
Mantel de tela. Recién estrenado. Un lujo.

Si algo quedó claro esa jornada es una verdad antigua: cuando el producto es de verdad, la cocina solo tiene que respetarlo.

Y eso fue exactamente lo que pasó en El Rinconín. Sin más artificio. Sin falta alguna.